
Una de las ideas principales de Robert Kiyosaki en el libro “Padre Rico, Padre Pobre” es la que plantea que los pobres y la clase media trabajan por dinero (ingreso ganado o lineal; típicamente, un sueldo) y los ricos, en cambio, se enfocan en hacer trabajar el dinero para ellos (ingreso residual, pasivo o de portafolio), ya sea a través de la compra de acciones, bonos, propiedades para alquiler, así como también creando empresas, etc.
El principal problema de los ingresos lineales es que sólo producen dinero cada vez que la persona trabaja (tal el caso de los empleos) y son, por lo tanto, limitados (el límite está dado por la cantidad de horas que una persona puede trabajar).
Los ingresos residuales, en cambio, tienen la capacidad de producir dinero las 24 horas del día, independientemente de que la persona esté trabajando o no (como por ejemplo en el caso de ingresos por derechos intelectuales, o también de empresas con sólidos sistemas de negocios, capaces de funcionar sin la presencia de su dueño). Lo mismo sucede en el caso de los ingresos pasivos o de portafolio (acciones, rentas por alquileres, etc.).
Es en este ingreso residual, pasivo o de portafolio entonces, donde suelen estar los más grandes retornos y es por eso que la mayor parte de los ingresos de los ricos provienen de allí.
Este dinero, a su vez, es reinvertido en forma constante hasta conformar un universo de activos cuyo flujo de efectivo garantiza el sostenimiento del nivel de vida de la persona.
Los ricos, entonces, generan ingresos residuales, pasivos y de portafolio que son destinados a la compra de activos e inversiones que hacen crecer su patrimonio. Los ricos, en suma, planifican sus necesidades y posponen el cumplimiento de sus deseos.
Los pobres y la clase media, en cambio, generan ingresos lineales que son destinados en su totalidad al consumo o, en el mejor de los casos, al ahorro para consumo. Ellos planifican el cumplimiento de sus deseos y posponen sus necesidades.

