miércoles, 24 de septiembre de 2008

Cómo ganar US$ 1.500 millones especulando en contra de los bancos


El multimillonario John Paulson, jefe de uno de los fondos de inversión que jugaron con las posiciones cortas para lucrarse a costa del hundimiento bursátil de muchos bancos, ha reconocido que con estas prácticas ganó unos u$s1.500 millones.
Según informa The Guardian en su versión digital, la especulación con las posiciones cortas ha provocado su suspensión temporal en las Bolsas de medio mundo. Primero fue en Nueva York, pero el fenómeno se ha extendido a mercados bursátiles como el británico y el español.
Esta práctica consiste en que, ante la previsión de la caída de un valor bursátil, el inversor pide prestadas las acciones a algún inversor a cambio de una comisión. Una vez prestadas las acciones, las vende a la espera de que caigan a un nivel más bajo, momento en el que las recompra para devolverlas al propietario inicial.El margen entre una operación y otra va al bolsillo del previsor.
Paulson apostó por la caída de cuatro bancos, incluido HBOS, adquirido por Lloyds TSB tras sufrir su colapso bursátil.
La Autoridad de Servicios Financieros descubrió las posiciones cortas de Paulson cuando operó con esta entidad, aunque no fue el único: el regulador amenazó con revelar el nombre de otros especuladores si no cancelaban estas prácticas en menos de 24 horas.
Sin embargo, el multimillonario ha hecho públicas sus operaciones por iniciativa propia.
Sus posiciones cortas afectaban a Royal Bank of Scotland (0,87% de participación, 371millones de beneficios); Lloyds TSB (1,76%, 328 millones); HBOS (0,95%, 117 millones) y Barclays (1,18%, 326 millones).
La venta masiva de acciones por las posiciones cortas impulsaron las fuertes turbulencias bursátiles de la última semana. Por otra parte, la desconfianza de los inversores ante la debilidad de la banca aumentó al observar la venta masiva de acciones, lo que redundó en un pánico mayor.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

El caso Lehman Brothers: explicaciones y consecuencias


Los mercados se derrumbaron el lunes luego de conocerse la noticia de que no habría salvataje gubernamental ni compra privada de Lehman Brothers. ¿Por qué, a diferencia de otros casos, no se evitó la quiebra? ¿Qué implicancias puede tener el hecho para el sistema financiero global?

Al cierre de la última semana los mercados se mostraban moderadamente optimistas con relación a los temores más recientes. Tras el salvataje de Fannie Mae y Freddie Mac, la noticia de que se estaban llevando a cabo reuniones de alto nivel sobre el futuro de Lehman Brothers permitía imaginar una probable solución a los problemas financieros del cuarto banco más importante de Estados Unidos.
Pero en esta ocasión, las reuniones del fin de semana tuvieron un final diferente. En cuanto se anunció que no habría apoyo gubernamental al plan de salvataje, muchos de los bancos que estaban participando de las negociaciones se levantaron de la mesa.
El golpe final lo dio con su salida el banco inglés Barclays, aunque -insistimos- el punto decisivo en esta negociación tuvo que ver con la negativa del gobierno norteamericano de garantizar los riesgos de la operación.
La gran mayoría de las instituciones de Wall Street están enfrentando problemas evidentes de financiamiento y difícilmente se encuentren en condiciones de arriesgar capital si no cuentan con un seguro proveniente del sector público. Sabiendo esto, nos preguntamos: ¿Por qué las autoridades decidieron no apoyar el salvataje de Lehman, como sí lo hicieron con Bear Stearns?


Riesgo moral y riesgo sistémico

La industria financiera es muy diferente a cualquier otra actividad económica. La confianza en los bancos es definitivamente su principal activo.
No existe un sólo banco en el planeta que sea capaz de cumplir con todas sus obligaciones si éstas le son exigidas al mismo tiempo y sin previo aviso.
Al respecto, si se produce una crisis de solvencia en un banco, siempre existe la posibilidad de que los inversores decidan retirar también sus depósitos de otras instituciones, impulsados por el temor que genera el caso de insolvencia.
Un banco con un balance sólido y una política financiera razonable puede verse en problemas cuando la desconfianza envuelve al sistema bancario.
A este fenómeno se lo conoce como “riesgo sistémico” y refiere al riesgo de que a partir de un hecho puntual se genere una crisis que afecte a todo el sistema y no sólo al primer protagonista.
Por este motivo es que el gobierno estadounidense decidió tomar la responsabilidad de salvar a ciertas instituciones y combatir el pánico de los inversores para que no hubiera corridas que alcanzaran a todo el sistema.
Sin embargo, cada vez que decide salvar a una institución el Estado asume un importante costo político y un aumento de lo que se conoce como “riesgo moral”: el peligro de que los bancos asuman estrategias financieras imprudentes especulando con la posibilidad de que, llegado el caso, se los termine salvando con fondos públicos.


El espíritu del capitalismo

Queda claro que la opinión a favor de que el fisco deba hacerse cargo de los errores de los privados se aleja del espíritu capitalista y de libre empresa predicado en Wall Street.
Además de monetario, cada salvataje tiene un costo importante en términos de contenido ético y de señales que se dan a los mercados.
En este sentido, creemos que el Tesoro de EE.UU. trazó una frontera en el debate al no respaldar un eventual salvataje de Lehman: le puso punto final a la política de priorizar el riesgo sistémico en perjuicio del riesgo moral.
Pueden ensayarse muchas explicaciones acerca del momento en que se tomó la decisión oficial, sean centradas en el tamaño del banco, los lazos financieros entre las diferentes entidades, el momento en que se produce el problema, etc., pero lo cierto es que ninguna suena del todo convincente.
Da la impresión de que en algún momento había que poner un freno a la política de salvatajes y así se hizo. De aquí en adelante, los bancos operan bajo su propia responsabilidad, por lo que no sería de extrañar que surjan nuevos inconvenientes en otras entidades.

Fuente: http://www.inversorglobal.com/

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Inversión en Indices: ¿diversificación o concentración moderada?


Uno de los instrumentos a los que los inversores recurren con frecuencia para diversificar sus carteras son los fondos o ETF’s de índices.
Así, un inversor que busca diversificar su riesgo puede, por ejemplo, adquirir un fondo índice o un ETF que replique el comportamiento del Dow Jones o el S&P 500 de la Bolsa de Nueva York (NYSE) u otro que replique el índice Bovespa de la Bolsa de San Pablo.
Esto, por supuesto, resulta sumamente ventajoso si consideramos que, de no existir tal posibilidad, ese inversor tendría que comprar de manera individual cada una de las acciones que conforman el índice seleccionado.
Ahora bien, ¿hasta qué punto estamos “diversificando” al invertir en un índice de acciones? ¿Nos hemos tomado el trabajo de averiguar qué acciones componen ese índice, y cuál es la ponderación de cada una de ellas? Por ejemplo, en un índice como el Bovespa, en donde actualmente acciones como Petrobrás y Vale do Rio Doce tienen una ponderación más que importante, una caída en los precios de las commodities (como actualmente estamos viendo) golpea su cotización de forma notoria. En ese caso, si compramos dicho índice, ¿estamos diversificados o, por el contrario, excesivamente expuestos a un sector de la economía en particular?
Como podrá deducirse de este planteo, es esencial, entonces, tener claro qué sectores son los de mayor ponderación y cuáles son sus perspectivas en el mediano y largo plazo.
Por último, si lo que verdaderamente buscamos es diversificar nuestra inversión, lo que deberemos hacer es encontrar índices, justamente, diversificados. No sólo en lo que a cantidad de acciones se refiere, sino también con respecto a los sectores de la economía que dichas acciones representan.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Cómo hacerse rico sin riesgos: las claves de la Inversión de Valor o Value Investment


Los principios fundamentales de la Inversión de Valor fueron expuestos por Benjamin Graham en 1949, en la primera edición de su reconocido libro “El inversor inteligente”.
Allí, Graham plantea la diferencia entre precio y valor de una acción (si bien esto es aplicable a toda clase de activos, ha sido utilizado fundamentalmente en la compraventa de acciones).
El precio de una acción es, en efecto, lo que el Mercado está dispuesto a pagar por ella en un momento determinado. El valor (o valor intrínseco) de esa misma acción es, en cambio, lo que el análisis financiero nos dice que vale esa porción de una empresa.
El secreto de las inversiones de valor consiste, entonces, en adquirir acciones cuyo precio de mercado sea visiblemente inferior a su valor intrínseco. Esta es, básicamente, la estrategia que un inversor de valor debe seguir para ser exitoso.
Ahora bien, ¿es posible que una acción no refleje en su precio el valor intrínseco que representa? La respuesta de Graham es un sonoro “sí” y para ello recurre a lo que ha dado en conocerse como “parábola del Sr. Mercado”. El Sr. Mercado es, según su descripción, un personaje bastante inestable que, según el humor con que lo encontremos, pretenderá vendernos sus activos sobrevaluados (cuando está eufórico) o subvaluados (cuando está deprimido). Todo lo que tendremos que hacer, entonces, es tener claro cuál es el verdadero valor de los activos que nos ofrece el Sr. Mercado y comprárselos cuando los ofrezca a un precio mucho menor.
Una vez hecho esto (y como según esta tesis precio y valor terminan finalmente por converger), sólo nos queda esperar.
Así, incluso la volatilidad (variación de precios dentro de una tendencia) deja de ser una fuente de riesgos para transformarse, por el contrario, en nuestra aliada, en una fuente de oportunidades. Para decirlo de manera clara: si el valor de una acción es de $100 y la compramos a $80, en el caso de que baje a $60 no sólo no tendremos que venderla, sino que deberemos aprovechar la nueva baja para comprar aún más.


Aspectos fundamentales a tener en cuenta

1. En las inversiones de valor es necesario poder determinar (en forma aproximada, al menos) el valor del activo que vamos a comprar, el cual se calcula en base a ganancias, flujo de caja, posición financiera de la empresa, etc. En este sentido, el análisis fundamental será un aliado invaluable en nuestra estrategia.

2. Debemos, además, buscar empresas subvaluadas por un amplio margen (eso nos va a proteger de pequeños errores en la valuación del activo y, también, de alguna variación imprevista en su valor intrínseco).
En este sentido, es muy importante el concepto que Graham llama “margen de seguridad” que no es otra cosa que la diferencia entre precio y valor intrínseco. Cuanto mayor sea el “margen de seguridad”, entonces, mejor.

3. Debemos, por último, buscar empresas con ventajas competitivas y con un historial de crecimiento importante.


Por qué esta estrategia no es fácil de implementar

La inversión de valor es, fundamentalmente, una inversión de largo plazo, que requiere paciencia, disciplina y sentido común.
Requiere también nadar contra la corriente, ser capaz de pensar y efectuar análisis por cuenta propia y hasta incluso llegar al punto de ampliar una posición “perdedora” (activo cuyo precio baja pero con su valor intrínseco intacto).
Como podemos ver, se trata de una estrategia que requiere, por tanto, independencia de criterio y un dominio absoluto de nuestras emociones, aspectos que, por cierto, no son nada fáciles de manejar.