
Los principios fundamentales de la Inversión de Valor fueron expuestos por Benjamin Graham en 1949, en la primera edición de su reconocido libro “El inversor inteligente”.
Allí, Graham plantea la diferencia entre precio y valor de una acción (si bien esto es aplicable a toda clase de activos, ha sido utilizado fundamentalmente en la compraventa de acciones).
El precio de una acción es, en efecto, lo que el Mercado está dispuesto a pagar por ella en un momento determinado. El valor (o valor intrínseco) de esa misma acción es, en cambio, lo que el análisis financiero nos dice que vale esa porción de una empresa.
El secreto de las inversiones de valor consiste, entonces, en adquirir acciones cuyo precio de mercado sea visiblemente inferior a su valor intrínseco. Esta es, básicamente, la estrategia que un inversor de valor debe seguir para ser exitoso.
Ahora bien, ¿es posible que una acción no refleje en su precio el valor intrínseco que representa? La respuesta de Graham es un sonoro “sí” y para ello recurre a lo que ha dado en conocerse como “parábola del Sr. Mercado”. El Sr. Mercado es, según su descripción, un personaje bastante inestable que, según el humor con que lo encontremos, pretenderá vendernos sus activos sobrevaluados (cuando está eufórico) o subvaluados (cuando está deprimido). Todo lo que tendremos que hacer, entonces, es tener claro cuál es el verdadero valor de los activos que nos ofrece el Sr. Mercado y comprárselos cuando los ofrezca a un precio mucho menor.
Una vez hecho esto (y como según esta tesis precio y valor terminan finalmente por converger), sólo nos queda esperar.
Así, incluso la volatilidad (variación de precios dentro de una tendencia) deja de ser una fuente de riesgos para transformarse, por el contrario, en nuestra aliada, en una fuente de oportunidades. Para decirlo de manera clara: si el valor de una acción es de $100 y la compramos a $80, en el caso de que baje a $60 no sólo no tendremos que venderla, sino que deberemos aprovechar la nueva baja para comprar aún más.
Aspectos fundamentales a tener en cuenta
1. En las inversiones de valor es necesario poder determinar (en forma aproximada, al menos) el valor del activo que vamos a comprar, el cual se calcula en base a ganancias, flujo de caja, posición financiera de la empresa, etc. En este sentido, el análisis fundamental será un aliado invaluable en nuestra estrategia.
2. Debemos, además, buscar empresas subvaluadas por un amplio margen (eso nos va a proteger de pequeños errores en la valuación del activo y, también, de alguna variación imprevista en su valor intrínseco).
En este sentido, es muy importante el concepto que Graham llama “margen de seguridad” que no es otra cosa que la diferencia entre precio y valor intrínseco. Cuanto mayor sea el “margen de seguridad”, entonces, mejor.
3. Debemos, por último, buscar empresas con ventajas competitivas y con un historial de crecimiento importante.
Por qué esta estrategia no es fácil de implementar
La inversión de valor es, fundamentalmente, una inversión de largo plazo, que requiere paciencia, disciplina y sentido común.
Requiere también nadar contra la corriente, ser capaz de pensar y efectuar análisis por cuenta propia y hasta incluso llegar al punto de ampliar una posición “perdedora” (activo cuyo precio baja pero con su valor intrínseco intacto).
Como podemos ver, se trata de una estrategia que requiere, por tanto, independencia de criterio y un dominio absoluto de nuestras emociones, aspectos que, por cierto, no son nada fáciles de manejar.
Allí, Graham plantea la diferencia entre precio y valor de una acción (si bien esto es aplicable a toda clase de activos, ha sido utilizado fundamentalmente en la compraventa de acciones).
El precio de una acción es, en efecto, lo que el Mercado está dispuesto a pagar por ella en un momento determinado. El valor (o valor intrínseco) de esa misma acción es, en cambio, lo que el análisis financiero nos dice que vale esa porción de una empresa.
El secreto de las inversiones de valor consiste, entonces, en adquirir acciones cuyo precio de mercado sea visiblemente inferior a su valor intrínseco. Esta es, básicamente, la estrategia que un inversor de valor debe seguir para ser exitoso.
Ahora bien, ¿es posible que una acción no refleje en su precio el valor intrínseco que representa? La respuesta de Graham es un sonoro “sí” y para ello recurre a lo que ha dado en conocerse como “parábola del Sr. Mercado”. El Sr. Mercado es, según su descripción, un personaje bastante inestable que, según el humor con que lo encontremos, pretenderá vendernos sus activos sobrevaluados (cuando está eufórico) o subvaluados (cuando está deprimido). Todo lo que tendremos que hacer, entonces, es tener claro cuál es el verdadero valor de los activos que nos ofrece el Sr. Mercado y comprárselos cuando los ofrezca a un precio mucho menor.
Una vez hecho esto (y como según esta tesis precio y valor terminan finalmente por converger), sólo nos queda esperar.
Así, incluso la volatilidad (variación de precios dentro de una tendencia) deja de ser una fuente de riesgos para transformarse, por el contrario, en nuestra aliada, en una fuente de oportunidades. Para decirlo de manera clara: si el valor de una acción es de $100 y la compramos a $80, en el caso de que baje a $60 no sólo no tendremos que venderla, sino que deberemos aprovechar la nueva baja para comprar aún más.
Aspectos fundamentales a tener en cuenta
1. En las inversiones de valor es necesario poder determinar (en forma aproximada, al menos) el valor del activo que vamos a comprar, el cual se calcula en base a ganancias, flujo de caja, posición financiera de la empresa, etc. En este sentido, el análisis fundamental será un aliado invaluable en nuestra estrategia.
2. Debemos, además, buscar empresas subvaluadas por un amplio margen (eso nos va a proteger de pequeños errores en la valuación del activo y, también, de alguna variación imprevista en su valor intrínseco).
En este sentido, es muy importante el concepto que Graham llama “margen de seguridad” que no es otra cosa que la diferencia entre precio y valor intrínseco. Cuanto mayor sea el “margen de seguridad”, entonces, mejor.
3. Debemos, por último, buscar empresas con ventajas competitivas y con un historial de crecimiento importante.
Por qué esta estrategia no es fácil de implementar
La inversión de valor es, fundamentalmente, una inversión de largo plazo, que requiere paciencia, disciplina y sentido común.
Requiere también nadar contra la corriente, ser capaz de pensar y efectuar análisis por cuenta propia y hasta incluso llegar al punto de ampliar una posición “perdedora” (activo cuyo precio baja pero con su valor intrínseco intacto).
Como podemos ver, se trata de una estrategia que requiere, por tanto, independencia de criterio y un dominio absoluto de nuestras emociones, aspectos que, por cierto, no son nada fáciles de manejar.
4 comentarios:
Excelente artículo. Muchas gracias!
Ignacio.
Buenísimo, che.
Sería bueno que ampliaras.
Muchas gracias, Ignacio.
Muchas gracias, Kco.
Sí, este tema da para mucho y vendrán otros posteos al respecto.
Saludos!
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