miércoles, 25 de junio de 2008

Por qué los Mercados no son eficientes (y cómo podemos beneficiarnos de ese hecho)


Según la Teoría de los Mercados Eficientes, los activos en general (y los activos financieros en particular) reflejan en su valor toda la información que de ellos se encuentra disponible en el mercado. Esa información, como sabemos, está al alcance de millones de personas alrededor del mundo y, por lo tanto, sería prácticamente imposible que pudiéramos beneficiarnos con grandes variaciones en el valor de esos activos.
La realidad, por el contrario, es bien distinta. Si seguimos a diario las cotizaciones, permanentemente nos encontraremos con activos que suben de precio de manera irracional (así es como se forman muchas burbujas) o bien que caen en su cotización, también, de manera irracional (empresas que pasan a valer la mitad en un período de un año, sin haber disminuido su nivel de ganancias).
Esto, que parece no tener explicaciones, obedece a dos causas: la primera tiene que ver con la existencia de especuladores en los mercados, y la segunda (y más importante) con el hecho de que los mercados en general se mueven por las expectativas de ganancias futuras de las empresas. Es así, entonces, como muchas acciones de numerosas compañías terminan estando sobrevaluadas o subvaluadas. Por el exceso de expectativas, ya sean de tipo positivo o negativo. Y es precisamente en este punto, en estos vaivenes emocionales de los mercados (nunca olvidemos que un mercado no es otra cosa que un conjunto de personas) que, eventualmente, podremos encontrar las grandes oportunidades que harán la diferencia en nuestra carrera como inversores.
En estos casos, como siempre, deberemos evaluar en qué momento del ciclo económico nos encontramos. Por ejemplo, si estamos en el comienzo de la desaceleración de un largo ciclo de crecimiento (en cuyo caso deberemos seguir esperando) o si, por el contrario, estamos en el fin de un ciclo recesivo con claros signos de reactivación.
En síntesis: los mercados se mueven al ritmo de dos grandes pasiones humanas: codicia y miedo. La codicia lleva el precio de muchos activos a las nubes. El miedo, por el contrario, puede dejar esos mismos valores por el piso. Estará en nuestra inteligencia como inversores, entonces, saber cómo beneficiarnos de esos extremos.

2 comentarios:

Kco dijo...

Sería buenísimo poder contar con la información precisa en el momento preciso para poder aprovechar las oportunidades que ofrece el mercado.
Para los inversores novatos, como yo, la volatilidad es una fuente de la primera de esas emociones que decís: el miedo.

Smart Investor dijo...

Te entiendo. No es fácil controlar las emociones, y menos cuando nuestro patrimonio está en el medio.
De cualquier forma, creo que es bueno tener a mano dos elementos que no han fallado en los últimos siglos: el primero es que la economía capitalista tiene una tendencia subyacente de crecimiento (y por lo tanto el valor de las empresas tiende a aumentar en el tiempo), y el segundo es que los ciclos de crecimiento y contracción son inherentes al proceso. Si somos capaces, entonces, de tener la paciencia necesaria para esperar los ciclos de contracción y el coraje no menos necesario para adquirir activos en esos momentos y esperar el nuevo ciclo expansivo, sin mirar demasiado los vaivenes lógicos que se producen en el tránsito entre esos dos momentos, nuestras posibilidades de éxito serán grandes. Ahí están los libros, esperándonos para revelarnos todos estos hechos. Pero como vos bien decís, sin un adecuado control de las emociones, ningún logro verdadero es posible.