miércoles, 30 de julio de 2008

Inversión de Valor: los principales consejos de Warren Buffet


Como todos sabemos, Warren Buffet es el inversor más rico del mundo y uno de los principales discípulos de Benjamin Graham (autor del clásico "El Inversor Inteligente" y padre de lo que ha dado en llamarse “la inversión de valor” o inversión por fundamentos).
Es por eso que, para todos aquellos interesados en esta filosofía de inversión, me pareció interesante acercar algunos de sus más importantes consejos:

1. Usted ni tiene razón, ni se equivoca tan sólo porque la gente discrepe con usted. Usted tiene razón porque sus datos y razonamiento son correctos.

2. Nunca invierta en un negocio que usted no pueda entender.

3. A menos que pueda mirar su inversión caer en un 50% sin impulsos de pánico, usted no debería estar en el mercado de valores.

4. Compre compañías con buen historial de beneficios y con una posición dominante del negocio.

5. Sea temeroso cuando otros son codiciosos, y sólo codicioso cuando otros sean temerosos.

6. El optimismo es el enemigo del comprador racional.

7. Gran parte del éxito se puede atribuir a la inactividad. La mayoría de los inversores no pueden oponerse a la tentación de comprar y vender constantemente. El letargo, lindando en la pereza, debe seguir siendo la piedra angular de un estilo de la inversión.

8. Las oscilaciones salvajes en los precios, en parte tienen más que ver con el comportamiento irracional de inversores institucionales, que con los resultados obtenidos por las compañías.

9. Un inversor necesita hacer muy pocas cosas bien si evita grandes errores.

10. No es necesario hacer cosas extraordinarias para conseguir resultados extraordinarios.

11. No tome los resultados anuales demasiado seriamente. En su lugar, céntrese en promedios de cuatro o cinco años.

12. Invierta siempre para el largo plazo.

13. Formúlese las siguientes preguntas: ¿Tiene el negocio perspectivas favorables a largo plazo? ¿Tiene el negocio una historia de funcionamiento constante?

14. Recuerde que el mercado de valores es maníaco-depresivo.

15. Compre un negocio, no alquile una acción.

miércoles, 23 de julio de 2008

"Compro mis sombreros de paja en invierno" (el secreto del éxito de John D. Rockefeller)


Ésta es la frase que John D. Rockefeller pronunció cuando le preguntaron cuál había sido la clave de su fortuna.
John D. Rockefeller fue, como sabemos, uno de los más grandes empresarios estadounidenses de todos los tiempos y fundador, en 1870, de la compañía petrolera “Standard Oil”.
Entonces, el petróleo abundaba en el sur de los Estados Unidos y la poca profundidad a la que se encontraba había hecho que muchos granjeros llegaran a considerarlo poco menos que una maldición.
Algo muy distinto, por cierto, pensó Rockefeller, quien supo ver en ese combustible fósil abundante y barato (pero al mismo tiempo no renovable) el futuro del gran despegue industrial de su nación, ése que finalmente terminó de consolidarse entre fines del siglo XIX y principios del XX.
Su capacidad de anticipación, su visión y su coraje le permitieron, así, convertirse en uno de los hombres más ricos del mundo. ¿Cuál sería, hoy, el equivalente al petróleo en el siglo XIX? Podrían arriesgarse varias hipótesis (biotecnología, energías limpias, comunicaciones, etc.) pero, más allá de la respuesta que encontremos, hay un hecho incuestionable: de nuestra capacidad para anticipar el futuro dependerá en buena medida el tamaño de nuestro éxito.
¿Estamos pensando, como Rockefeller, en comprar nuestros sombreros de paja en invierno? ¿O actuamos, por el contrario, como actúa la mayoría de las personas, es decir, acordándonos de los sombreros de paja sólo cuando ya tenemos el potente sol de verano sobre nuestra cabeza?

miércoles, 16 de julio de 2008

Administración de Portafolio: ¿diversificación o concentración?


¿Diversificar nuestras inversiones o concentrarlas? ¿Qué es más conveniente? Si bien existen algunos defensores de la tesis de la concentración (Kiyosaki es uno de ellos), lo cierto es que la mayoría de los inversores hacen uso de la diversificación como una herramienta para disminuir el riesgo de sus portafolios.
En ese sentido, desde la teoría suele decirse que no es conveniente, por norma, que un activo en particular supere el 20% de exposición de nuestra cartera. Por supuesto, esto también va a depender del tipo de activo de que se trate. En el caso de operar opciones, por ejemplo, lo más probable es que debamos disminuir ese porcentaje a la mitad, es decir, un 10%.
Ahora bien, en el caso de que optemos por la diversificación, se nos plantea un segundo dilema: ¿diversificamos con activos de correlación positiva o negativa? Los activos de correlación positiva son aquellos cuyos precios suelen comportarse de manera equivalente (por ejemplo, acciones de empresas constructoras y metalúrgicas); en cambio, los activos de correlación negativa son aquellos cuyos precios suelen comportarse de manera inversa (por ejemplo, acciones de empresas metalúrgicas y oro).
Para despejar un poco la incógnita, veámoslo de esta forma: eligiendo activos de correlación negativa estamos aceptando, de antemano, que una parte de nuestra cartera va a ser perdedora. Sí o sí. ¿Nos parece aceptable eso como inversores? ¿Tan poca confianza tenemos en nuestros análisis como para diversificar descontando pérdida? Si bien existen muchos analistas que recomiendan este tipo de estrategias, personalmente las considero pésimas. Por el contrario, creo que lo adecuado es lograr una educación financiera sólida que nos permita predecir hacia dónde irán los mercados para finalmente seleccionar cinco, diez, o incluso más activos a los que les veamos el mayor potencial de suba. Si no nos consideramos capaces de hacerlo, entonces tal vez lo mejor sea continuar con nuestra educación financiera y, mientras tanto, depositar nuestro dinero en fondos de inversión o ETF’s de índices, como por ejemplo el que replica el comportamiento del S&P 500.

miércoles, 9 de julio de 2008

¿Invertir es riesgoso?


“Invertir es riesgoso” “La Bolsa es como el casino” “Tengo un amigo que invirtió en Bolsa y lo perdió todo”
¿Cuántas veces hemos escuchado frases como éstas? Muchas, seguramente. Y si lo pensamos un poco, descubriremos un elemento común que las une a todas: han sido pronunciadas por empleados.
Lo que seguramente nunca nos dijeron es que ese amigo invirtió en Bolsa sin haber leído una página sobre análisis fundamental y técnico. Que ese amigo era un empleado, con mentalidad de empleado, y que se dejó llevar por el consejo de alguien (y también por su codicia, claro) para comprar una acción cuando ya era demasiado tarde, cuando su historia de suba interminable había llegado incluso a la tapa de los diarios. Y también, por qué no, que producto de esa codicia invirtió la mayoría de sus ahorros en ese único activo, contrariando las más elementales reglas sobre manejo de portafolios.
Déjenme decirles algo: ser empleado es riesgoso. Es la cosa más riesgosa del mundo. ¿Por qué? Porque dependemos de una única fuente de ingresos (por lo general, magra e insuficiente), porque esa fuente es manejada discrecionalmente por un tercero (nuestro empleador) y además porque tiene un límite intrínseco de crecimiento que está dado por la cantidad de horas que trabajamos. Por otra parte, si perdemos esta fuente de ingresos, ¿a cuánto tiempo estamos de la quiebra? Si no tenemos algún tipo de salvaguardia, a un mes, dos meses a lo sumo (estas cosas, entre otras, son las que seguramente rondan en la cabeza de esos empleados que un día, tarde y mal, deciden embarcarse en una inversión para la que nunca estuvieron preparados).
Los inversores sofisticados, en cambio, disponen de fuentes de ingreso múltiples. Si una se pierde, pueden sostenerse con las restantes. O incluso pueden agregar una nueva. Acciones que pagan dividendos, inmuebles, propiedad intelectual, network marketing, e-commerce, fideicomisos, fondos de inversión, etc.
He ahí la clave: ingreso residual proveniente de fuentes múltiples. Todo lo que necesitamos es comprometernos con nuestra educación financiera. Leer, asistir a cursos, conferencias, etc. Abandonar nuestra actitud temerosa y negativa y abrirnos a nuevos conocimientos. Después de todo, ¿quiénes son las personas más libres y prósperas? ¿Los empleados que, en el mejor de los casos, cobran buenos sueldos a cambio de dejar su vida en el trabajo? ¿O los inversores profesionales que pueden disponer libremente de su tiempo e incluso retirarse, si así lo desean, antes de los 40 años? Miremos la lista de los hombres más ricos del mundo. Los desafío a que encuentren un empleado siquiera entre los primeros diez mil.

miércoles, 2 de julio de 2008

Burbujas financieras: cómo reconocerlas y protegerse de ellas


“Cuando todo el mundo habla de la suba de la Bolsa, lo mejor es vender cuanto antes”.

¿Cómo se forma una burbuja financiera? ¿Cómo reconocerla?
Si bien se ha escrito mucho sobre este tema, hay un elemento que podríamos reconocer prácticamente en el origen de todas las burbujas a lo largo de la historia: el optimismo excesivo del mercado con respecto a la economía en general o a algún sector de la economía en particular.
Son momentos en los que empieza a hablarse de “cambio de paradigma”, de la “nueva economía”, del sector cuyas ganancias futuras son “incalculables” (pensemos por ejemplo en el estallido de las punto com en el año 2000). Así, entonces, es como va aceitándose la maquinaria de la especulación hasta que finalmente, con valuaciones que ya no resisten análisis financiero alguno, los activos se desploman ante el menor signo que desmienta la factibilidad de esas expectativas.
Ahora bien, ¿hay forma de evitar ser víctima de una burbuja? Por supuesto. Y aquí el análisis financiero será nuestro aliado. Es a través del análisis financiero que podremos determinar si un activo está sobrevaluado o no.


Tres elementos distintivos

Desde la teoría suelen señalarse tres aspectos a tener en cuenta para reconocer la existencia (o no) de una burbuja:

1. Valores de activos que no guardan relación con los fundamentos del mercado (por ejemplo, si el precio del petróleo aumentó un 100% en el último año y no hubo incrementos de demanda).
2. Valores de activos que se espiralizan (curva de precios de un activo que se vuelve casi vertical en un período corto de tiempo).
3. Aumento exponencial de volumen (aumentos en el volumen de contratos negociados que duplican o incluso triplican el volumen promedio, en un período corto de tiempo)

Por supuesto, las burbujas, por su misma naturaleza, suelen extenderse en el tiempo más allá de lo razonable. Por eso se dice que en ellas existe una cadena de “tontos” en la que todos (salvo el último) ganan. Claro, nada nos asegura que no seamos nosotros el último “tonto” de esa cadena, antes de que la burbuja estalle.