
¿Diversificar nuestras inversiones o concentrarlas? ¿Qué es más conveniente? Si bien existen algunos defensores de la tesis de la concentración (Kiyosaki es uno de ellos), lo cierto es que la mayoría de los inversores hacen uso de la diversificación como una herramienta para disminuir el riesgo de sus portafolios.
En ese sentido, desde la teoría suele decirse que no es conveniente, por norma, que un activo en particular supere el 20% de exposición de nuestra cartera. Por supuesto, esto también va a depender del tipo de activo de que se trate. En el caso de operar opciones, por ejemplo, lo más probable es que debamos disminuir ese porcentaje a la mitad, es decir, un 10%.
Ahora bien, en el caso de que optemos por la diversificación, se nos plantea un segundo dilema: ¿diversificamos con activos de correlación positiva o negativa? Los activos de correlación positiva son aquellos cuyos precios suelen comportarse de manera equivalente (por ejemplo, acciones de empresas constructoras y metalúrgicas); en cambio, los activos de correlación negativa son aquellos cuyos precios suelen comportarse de manera inversa (por ejemplo, acciones de empresas metalúrgicas y oro).
Para despejar un poco la incógnita, veámoslo de esta forma: eligiendo activos de correlación negativa estamos aceptando, de antemano, que una parte de nuestra cartera va a ser perdedora. Sí o sí. ¿Nos parece aceptable eso como inversores? ¿Tan poca confianza tenemos en nuestros análisis como para diversificar descontando pérdida? Si bien existen muchos analistas que recomiendan este tipo de estrategias, personalmente las considero pésimas. Por el contrario, creo que lo adecuado es lograr una educación financiera sólida que nos permita predecir hacia dónde irán los mercados para finalmente seleccionar cinco, diez, o incluso más activos a los que les veamos el mayor potencial de suba. Si no nos consideramos capaces de hacerlo, entonces tal vez lo mejor sea continuar con nuestra educación financiera y, mientras tanto, depositar nuestro dinero en fondos de inversión o ETF’s de índices, como por ejemplo el que replica el comportamiento del S&P 500.
En ese sentido, desde la teoría suele decirse que no es conveniente, por norma, que un activo en particular supere el 20% de exposición de nuestra cartera. Por supuesto, esto también va a depender del tipo de activo de que se trate. En el caso de operar opciones, por ejemplo, lo más probable es que debamos disminuir ese porcentaje a la mitad, es decir, un 10%.
Ahora bien, en el caso de que optemos por la diversificación, se nos plantea un segundo dilema: ¿diversificamos con activos de correlación positiva o negativa? Los activos de correlación positiva son aquellos cuyos precios suelen comportarse de manera equivalente (por ejemplo, acciones de empresas constructoras y metalúrgicas); en cambio, los activos de correlación negativa son aquellos cuyos precios suelen comportarse de manera inversa (por ejemplo, acciones de empresas metalúrgicas y oro).
Para despejar un poco la incógnita, veámoslo de esta forma: eligiendo activos de correlación negativa estamos aceptando, de antemano, que una parte de nuestra cartera va a ser perdedora. Sí o sí. ¿Nos parece aceptable eso como inversores? ¿Tan poca confianza tenemos en nuestros análisis como para diversificar descontando pérdida? Si bien existen muchos analistas que recomiendan este tipo de estrategias, personalmente las considero pésimas. Por el contrario, creo que lo adecuado es lograr una educación financiera sólida que nos permita predecir hacia dónde irán los mercados para finalmente seleccionar cinco, diez, o incluso más activos a los que les veamos el mayor potencial de suba. Si no nos consideramos capaces de hacerlo, entonces tal vez lo mejor sea continuar con nuestra educación financiera y, mientras tanto, depositar nuestro dinero en fondos de inversión o ETF’s de índices, como por ejemplo el que replica el comportamiento del S&P 500.
2 comentarios:
Muy bueno este artículo.
La verdad es que a priori, eso de la correlación negativa es un poco loser. Y está buena la idea de que si no estamos habilitados para jugar a ganar o ganar, más vale poner la plata en un ETF mientras nos educamos.
Saludos!
Así es, Kco. Creo que la opción correcta pasa por mayor o menor diversificación, pero siempre partiendo de la base de que estamos eligiendo activos con potencial de suba. Como decía, si no nos sentimos capacitados para hacer ese análisis, lo mejor es no asumir el riesgo propio de la renta variable.
Al menos eso creo yo.
Saludos y gracias por comentar.
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