miércoles, 15 de octubre de 2008

Volatilidad en los Mercados: ¿riesgo u oportunidad?


La volatilidad de un activo financiero es, como sabemos, la desviación (positiva o negativa) dentro del estándar de valor de dicho instrumento en un marco temporal específico. Dicho de forma más simple: son las oscilaciones (a la alza y a la baja) en el valor de dicho instrumento, dentro de una tendencia determinada.
Ahora bien, ¿es éste un elemento positivo o negativo a la hora de armar un portafolio de inversiones?
Según las más modernas teorías de administración de carteras, la volatilidad es uno de los grandes enemigos de los inversores, y esto sería así dado que del mismo modo que dicha volatilidad puede elevar nuestras ganancias por encima de lo normal (siempre dentro del estándar del que hablábamos) también puede elevar nuestras pérdidas de una forma sumamente peligrosa.
Por lo tanto, como inversores, ¿nos conviene invertir en un activo de alta volatilidad o, por el contrario, debemos buscar activos cuyos precios sean más estables?
Aquí, una vez más, se vuelve decisiva nuestra filosofía de inversión y el horizonte temporal que nos hayamos trazado para nuestra cartera.
Para un inversor de valor, la volatilidad será su gran fuente de riqueza, y esto es así, porque al inversor de valor lo único que lo preocupa es el valor intrínseco del activo y la posibilidad de que ese valor se mantenga en el tiempo. Por lo tanto, cuando vea que su precio (producto de la volatilidad generada por el pánico, por ejemplo) cae muy por debajo de su valor intrínseco, simplemente comprará y esperará pacientemente a que las condiciones se normalicen y el valor del activo, tarde o temprano, se refleje en su precio de mercado.
Un inversor temeroso de perder o cuyo horizonte temporal es menor, en cambio, deberá evitar posicionarse en esta clase de activos, dado que es posible que por temor o necesidad decida vender antes de tiempo y asuma, de ese modo, una pérdida absolutamente innecesaria para su cartera.
Por último, me parece importante remarcar el hecho de que en los períodos contractivos suelen producirse incrementos notorios de la volatilidad en casi todos los activos. Y es allí, en esos momentos, donde las estadísticas nos muestran los pisos del mercado. Por lo tanto, si bien no es fácil detectar esos pisos, sí es importante tener presente que las mayores posibilidades de ganancias están asociadas a ese elemento muchas veces tan temido que es la volatilidad. En estos casos, como es lógico, será imprescindible que hagamos un análisis fundamental correcto, no sólo de la compañía y el sector en el cual vamos a invertir, sino de la economía en su conjunto.
Como dato final, tengamos en cuenta que los pisos de los mercados suelen encontrarse, estadísticamente, un poco antes de que las señales contractivas empiecen a revertirse.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Petróleo: algunas lecciones de la caída en su cotización


El Mercado, en ocasiones, es capaz de consumar absurdos que a primera vista resultan inexplicables, aunque finalmente los fundamentos terminan por imponerse.
Esto es, en mi opinión, lo que está pasando con el precio del petróleo.
La suba de US$ 60 a US$ 145, en pocos meses, sin alteraciones significativas en los factores de oferta y demanda y a las puertas de una de las crisis financieras más graves de las últimas décadas (con la consecuente desaceleración económica y caída en la demanda de energía que supone) constituía, por cierto, una situación insostenible que tarde o temprano terminaría por sincerarse.
¿Cuál fue el motivo de esta enorme burbuja? Fundamentalmente, el desarme de posiciones en acciones de los grandes inversores institucionales y su arbitraje a materias primas (esto explica también la suba extraordinaria que experimentaron productos como la soja).
Ahora bien, ¿hasta cuando podía sostenerse esta situación? Hasta que la suba fuera excesiva y, por supuesto, hasta que los managers de estos enormes portafolios terminaran de convencerse de que la recesión de la economía mundial había dejado de ser una mera especulación para convertirse en una realidad concreta e ineludible.
En este sentido, entonces, me parece importante remarcar dos hechos:

1. Se puede conocer el modo en que operan estos grandes jugadores del sistema y, eventualmente, seguir su estrategia (esto es bueno para las entradas, porque el propio volumen de compras que generan produce las grandes subas; no así para las salidas, por razones exactamente opuestas).

2. Por el contrario, podemos decidir operar siempre en base a fundamentos (evitando así el riesgo de las burbujas).

Por supuesto, cualquiera de esas dos opciones son, en principio, válidas, siempre y cuando coincidan con nuestra filosofía de inversión.
Lo que no es válido, en cambio, es desconocer la existencia de estos grandes jugadores y su influencia en las artificiales cotizaciones de determinados activos que, tarde o temprano, terminan por desinflarse o explotar.

miércoles, 1 de octubre de 2008

¿Quiere ser exitoso en los mercados? Compre Pánico y venda Euforia


Parece fácil visto a la distancia y con la perspectiva que suele dar el tiempo. Pero por alguna razón, aunque la historia la avale, la consigna de “comprar pánico, vender euforia”, no es una estrategia que demasiados inversores estén en condiciones de aplicar.
¿Por qué es esto? En parte porque muchos inversores individuales no tienen la suficiente fortaleza para entrar a los mercados en momentos de grandes caídas y, al mismo tiempo, porque los inversores institucionales (los mayores jugadores del sistema) están sujetos a innumerables limitaciones propias de su política de inversión, condicionada a su vez por la necesidad de obtener resultados positivos permanentes que satisfagan las expectativas de sus clientes.
Esto hace que ambos vendan en momentos de pánico (cuando lo recomendable sería comprar) y compren en momentos de euforia (cuando lo recomendable sería vender).
Hay una norma no escrita en los mercados que, salvo que el sistema capitalista colapse completamente (cosa para la que deberíamos tener bastante mala suerte, considerando sus varios siglos de vida), se verifica una y otra vez: cuando el pánico es total, se suele estar muy cerca del piso del mercado; por el contrario, cuando la euforia es total, se suele estar cerca del techo.
Esa capacidad de maniobra que otorga, entonces, la condición de inversor individual (libertad que responde no sólo a la ausencia de condicionamientos externos a la hora de tomar decisiones, sino también a la relativa facilidad con que una posición puede ser armada o desarmada), debería allanarnos el camino para aprovechar al máximo posible estos momentos de alta volatilidad caracterizada por el pánico.
El inversor inteligente, entonces, debería ser capaz de analizar adecuadamente un contexto determinado y aprovechar las oportunidades que toda situación de pánico ofrece. Luego, debería mantener su posición (aunque esta baje circunstancialmente) y esperar a que el ciclo revierta, con la consecuente desaparición del pánico y la irrupción de su contracara: la euforia. En ese momento, el inversor inteligente volverá a ir en contra del mercado y venderá su posición en el momento que crea más conveniente de acuerdo a su análisis.
Esto, que parece tan simple, requiere nada menos que del control de las emociones, lo cual es la piedra angular de una estrategia de inversión exitosa.
No está demás recordar que el mercado siempre anticipa a la economía real, por lo tanto, si esperamos los signos de reversión de ciclo de la economía real (PBI, empleo, inversión, etc.) probablemente sea ya demasiado tarde y las mejores oportunidades hayan pasado.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Cómo ganar US$ 1.500 millones especulando en contra de los bancos


El multimillonario John Paulson, jefe de uno de los fondos de inversión que jugaron con las posiciones cortas para lucrarse a costa del hundimiento bursátil de muchos bancos, ha reconocido que con estas prácticas ganó unos u$s1.500 millones.
Según informa The Guardian en su versión digital, la especulación con las posiciones cortas ha provocado su suspensión temporal en las Bolsas de medio mundo. Primero fue en Nueva York, pero el fenómeno se ha extendido a mercados bursátiles como el británico y el español.
Esta práctica consiste en que, ante la previsión de la caída de un valor bursátil, el inversor pide prestadas las acciones a algún inversor a cambio de una comisión. Una vez prestadas las acciones, las vende a la espera de que caigan a un nivel más bajo, momento en el que las recompra para devolverlas al propietario inicial.El margen entre una operación y otra va al bolsillo del previsor.
Paulson apostó por la caída de cuatro bancos, incluido HBOS, adquirido por Lloyds TSB tras sufrir su colapso bursátil.
La Autoridad de Servicios Financieros descubrió las posiciones cortas de Paulson cuando operó con esta entidad, aunque no fue el único: el regulador amenazó con revelar el nombre de otros especuladores si no cancelaban estas prácticas en menos de 24 horas.
Sin embargo, el multimillonario ha hecho públicas sus operaciones por iniciativa propia.
Sus posiciones cortas afectaban a Royal Bank of Scotland (0,87% de participación, 371millones de beneficios); Lloyds TSB (1,76%, 328 millones); HBOS (0,95%, 117 millones) y Barclays (1,18%, 326 millones).
La venta masiva de acciones por las posiciones cortas impulsaron las fuertes turbulencias bursátiles de la última semana. Por otra parte, la desconfianza de los inversores ante la debilidad de la banca aumentó al observar la venta masiva de acciones, lo que redundó en un pánico mayor.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

El caso Lehman Brothers: explicaciones y consecuencias


Los mercados se derrumbaron el lunes luego de conocerse la noticia de que no habría salvataje gubernamental ni compra privada de Lehman Brothers. ¿Por qué, a diferencia de otros casos, no se evitó la quiebra? ¿Qué implicancias puede tener el hecho para el sistema financiero global?

Al cierre de la última semana los mercados se mostraban moderadamente optimistas con relación a los temores más recientes. Tras el salvataje de Fannie Mae y Freddie Mac, la noticia de que se estaban llevando a cabo reuniones de alto nivel sobre el futuro de Lehman Brothers permitía imaginar una probable solución a los problemas financieros del cuarto banco más importante de Estados Unidos.
Pero en esta ocasión, las reuniones del fin de semana tuvieron un final diferente. En cuanto se anunció que no habría apoyo gubernamental al plan de salvataje, muchos de los bancos que estaban participando de las negociaciones se levantaron de la mesa.
El golpe final lo dio con su salida el banco inglés Barclays, aunque -insistimos- el punto decisivo en esta negociación tuvo que ver con la negativa del gobierno norteamericano de garantizar los riesgos de la operación.
La gran mayoría de las instituciones de Wall Street están enfrentando problemas evidentes de financiamiento y difícilmente se encuentren en condiciones de arriesgar capital si no cuentan con un seguro proveniente del sector público. Sabiendo esto, nos preguntamos: ¿Por qué las autoridades decidieron no apoyar el salvataje de Lehman, como sí lo hicieron con Bear Stearns?


Riesgo moral y riesgo sistémico

La industria financiera es muy diferente a cualquier otra actividad económica. La confianza en los bancos es definitivamente su principal activo.
No existe un sólo banco en el planeta que sea capaz de cumplir con todas sus obligaciones si éstas le son exigidas al mismo tiempo y sin previo aviso.
Al respecto, si se produce una crisis de solvencia en un banco, siempre existe la posibilidad de que los inversores decidan retirar también sus depósitos de otras instituciones, impulsados por el temor que genera el caso de insolvencia.
Un banco con un balance sólido y una política financiera razonable puede verse en problemas cuando la desconfianza envuelve al sistema bancario.
A este fenómeno se lo conoce como “riesgo sistémico” y refiere al riesgo de que a partir de un hecho puntual se genere una crisis que afecte a todo el sistema y no sólo al primer protagonista.
Por este motivo es que el gobierno estadounidense decidió tomar la responsabilidad de salvar a ciertas instituciones y combatir el pánico de los inversores para que no hubiera corridas que alcanzaran a todo el sistema.
Sin embargo, cada vez que decide salvar a una institución el Estado asume un importante costo político y un aumento de lo que se conoce como “riesgo moral”: el peligro de que los bancos asuman estrategias financieras imprudentes especulando con la posibilidad de que, llegado el caso, se los termine salvando con fondos públicos.


El espíritu del capitalismo

Queda claro que la opinión a favor de que el fisco deba hacerse cargo de los errores de los privados se aleja del espíritu capitalista y de libre empresa predicado en Wall Street.
Además de monetario, cada salvataje tiene un costo importante en términos de contenido ético y de señales que se dan a los mercados.
En este sentido, creemos que el Tesoro de EE.UU. trazó una frontera en el debate al no respaldar un eventual salvataje de Lehman: le puso punto final a la política de priorizar el riesgo sistémico en perjuicio del riesgo moral.
Pueden ensayarse muchas explicaciones acerca del momento en que se tomó la decisión oficial, sean centradas en el tamaño del banco, los lazos financieros entre las diferentes entidades, el momento en que se produce el problema, etc., pero lo cierto es que ninguna suena del todo convincente.
Da la impresión de que en algún momento había que poner un freno a la política de salvatajes y así se hizo. De aquí en adelante, los bancos operan bajo su propia responsabilidad, por lo que no sería de extrañar que surjan nuevos inconvenientes en otras entidades.

Fuente: http://www.inversorglobal.com/

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Inversión en Indices: ¿diversificación o concentración moderada?


Uno de los instrumentos a los que los inversores recurren con frecuencia para diversificar sus carteras son los fondos o ETF’s de índices.
Así, un inversor que busca diversificar su riesgo puede, por ejemplo, adquirir un fondo índice o un ETF que replique el comportamiento del Dow Jones o el S&P 500 de la Bolsa de Nueva York (NYSE) u otro que replique el índice Bovespa de la Bolsa de San Pablo.
Esto, por supuesto, resulta sumamente ventajoso si consideramos que, de no existir tal posibilidad, ese inversor tendría que comprar de manera individual cada una de las acciones que conforman el índice seleccionado.
Ahora bien, ¿hasta qué punto estamos “diversificando” al invertir en un índice de acciones? ¿Nos hemos tomado el trabajo de averiguar qué acciones componen ese índice, y cuál es la ponderación de cada una de ellas? Por ejemplo, en un índice como el Bovespa, en donde actualmente acciones como Petrobrás y Vale do Rio Doce tienen una ponderación más que importante, una caída en los precios de las commodities (como actualmente estamos viendo) golpea su cotización de forma notoria. En ese caso, si compramos dicho índice, ¿estamos diversificados o, por el contrario, excesivamente expuestos a un sector de la economía en particular?
Como podrá deducirse de este planteo, es esencial, entonces, tener claro qué sectores son los de mayor ponderación y cuáles son sus perspectivas en el mediano y largo plazo.
Por último, si lo que verdaderamente buscamos es diversificar nuestra inversión, lo que deberemos hacer es encontrar índices, justamente, diversificados. No sólo en lo que a cantidad de acciones se refiere, sino también con respecto a los sectores de la economía que dichas acciones representan.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Cómo hacerse rico sin riesgos: las claves de la Inversión de Valor o Value Investment


Los principios fundamentales de la Inversión de Valor fueron expuestos por Benjamin Graham en 1949, en la primera edición de su reconocido libro “El inversor inteligente”.
Allí, Graham plantea la diferencia entre precio y valor de una acción (si bien esto es aplicable a toda clase de activos, ha sido utilizado fundamentalmente en la compraventa de acciones).
El precio de una acción es, en efecto, lo que el Mercado está dispuesto a pagar por ella en un momento determinado. El valor (o valor intrínseco) de esa misma acción es, en cambio, lo que el análisis financiero nos dice que vale esa porción de una empresa.
El secreto de las inversiones de valor consiste, entonces, en adquirir acciones cuyo precio de mercado sea visiblemente inferior a su valor intrínseco. Esta es, básicamente, la estrategia que un inversor de valor debe seguir para ser exitoso.
Ahora bien, ¿es posible que una acción no refleje en su precio el valor intrínseco que representa? La respuesta de Graham es un sonoro “sí” y para ello recurre a lo que ha dado en conocerse como “parábola del Sr. Mercado”. El Sr. Mercado es, según su descripción, un personaje bastante inestable que, según el humor con que lo encontremos, pretenderá vendernos sus activos sobrevaluados (cuando está eufórico) o subvaluados (cuando está deprimido). Todo lo que tendremos que hacer, entonces, es tener claro cuál es el verdadero valor de los activos que nos ofrece el Sr. Mercado y comprárselos cuando los ofrezca a un precio mucho menor.
Una vez hecho esto (y como según esta tesis precio y valor terminan finalmente por converger), sólo nos queda esperar.
Así, incluso la volatilidad (variación de precios dentro de una tendencia) deja de ser una fuente de riesgos para transformarse, por el contrario, en nuestra aliada, en una fuente de oportunidades. Para decirlo de manera clara: si el valor de una acción es de $100 y la compramos a $80, en el caso de que baje a $60 no sólo no tendremos que venderla, sino que deberemos aprovechar la nueva baja para comprar aún más.


Aspectos fundamentales a tener en cuenta

1. En las inversiones de valor es necesario poder determinar (en forma aproximada, al menos) el valor del activo que vamos a comprar, el cual se calcula en base a ganancias, flujo de caja, posición financiera de la empresa, etc. En este sentido, el análisis fundamental será un aliado invaluable en nuestra estrategia.

2. Debemos, además, buscar empresas subvaluadas por un amplio margen (eso nos va a proteger de pequeños errores en la valuación del activo y, también, de alguna variación imprevista en su valor intrínseco).
En este sentido, es muy importante el concepto que Graham llama “margen de seguridad” que no es otra cosa que la diferencia entre precio y valor intrínseco. Cuanto mayor sea el “margen de seguridad”, entonces, mejor.

3. Debemos, por último, buscar empresas con ventajas competitivas y con un historial de crecimiento importante.


Por qué esta estrategia no es fácil de implementar

La inversión de valor es, fundamentalmente, una inversión de largo plazo, que requiere paciencia, disciplina y sentido común.
Requiere también nadar contra la corriente, ser capaz de pensar y efectuar análisis por cuenta propia y hasta incluso llegar al punto de ampliar una posición “perdedora” (activo cuyo precio baja pero con su valor intrínseco intacto).
Como podemos ver, se trata de una estrategia que requiere, por tanto, independencia de criterio y un dominio absoluto de nuestras emociones, aspectos que, por cierto, no son nada fáciles de manejar.

miércoles, 27 de agosto de 2008

George Soros y su visión de la situación económica actual


El magnate de origen húngaro, quien saltó a la fama mundial luego de apostar contra la libra esterlina en los años 90, acaba de conceder una entrevista al semanario XL del diario ABC de Madrid, en donde pone de manifiesto su visión sobre la situación actual de los mercados financieros.
Más abajo, un extracto de los momentos más salientes de la nota y también el link a la entrevista completa.


-¿No nos encontramos ahora ante la amenaza de una crisis semejante (a la de EEUU de 1987)?

-Nos estamos adentrando en la crisis financiera más profunda desde los años 30. En los últimos tiempos hemos visto cómo estallaban varias burbujas, como la de las acciones tecnológicas y, más recientemente, la del mercado inmobiliario. En este último sector, la crisis aún no se ha manifestado en toda su magnitud. Creo que todavía no hemos visto ni la mitad de la caída de precios. En el próximo año habrá más de dos millones de propietarios incapaces de pagar sus hipotecas. Ya se está produciendo una enorme destrucción de patrimonio.

-Usted ha llegado a hablar de una "superburbuja"...

-Sí. Empezó a formarse en 1980, cuando se asentó la ideología del fundamentalismo del mercado.

-De acuerdo con la cual los mercados debían autorregularse, había que rechazar el intervencionismo estatal y eliminar las limitaciones.


-Había que confiarlo todo a la libre interacción de las fuerzas económicas. En realidad no fue un descubrimiento estadounidense. Comenzó en Gran Bretaña con Margaret Thatcher y fue llevado a Estados Unidos por el republicano Ronald Reagan. El presidente Reagan llegó a hablar de "la magia del mercado". Ni qué decir tiene que muchos lo consideran una especie de santo. Pero los tan alabados mercados empezaron a cometer toda clase de excesos que ya no podían ser controlados. Los tipos de interés eran tan bajos en Estados Unidos que los bancos animaban a los ciudadanos a que cada vez pidieran más dinero prestado. Es algo sorprendente, casi irresponsable. Al mismo tiempo existía la confianza de que el Estado intervendría cuando las cosas se pusiesen feas.

-Como en el caso del derrumbe del banco de inversiones norteamericano Bear Sterns, hace sólo unos meses. El banco central estadounidense inyectó miles de millones en el sistema bancario para impedir nuevos desastres.

-Sí, así se les salvó el pellejo; prácticamente se compró su libertad. Sin embargo, el supuesto boom acabó convirtiéndose en una crisis. Y eso es lo que estamos viviendo ahora: el final de un súper boom, el fracaso de una ideología equivocada. Estamos asistiendo al final de la sociedad de bienestar, al final de una era.

-¿Hasta qué punto está enferma la economía estadounidense?

-Creo que la recesión es inevitable. Estados Unidos prácticamente ha absorbido el dinero de la economía mundial durante años porque el dólar era la divisa base y también una divisa de reserva. Nos hemos dedicado sobre todo a pedir prestado dinero, hemos consumido más de lo que hemos producido y estamos endeudados. Pero el dólar es cada vez menos una divisa de reserva. Los precios suben, las crisis inmobiliaria y crediticia penden sobre nosotros como una espada de Damocles. Apenas tenemos margen de maniobra. Y Europa también ha cometido errores: ha subido los tipos de interés por miedo a la inflación. No es una medida inteligente. Es cierto que la recesión parte de Estados Unidos, pero los europeos están a punto de importarla.

Por Katja Gloger
© REVISTA XL SEMANAL/ABC

http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1042523

miércoles, 20 de agosto de 2008

Riesgo País: un indicador clave a la hora de decidir nuestras inversiones


El índice conocido como riesgo país fue creado a principios de los años 90 por el banco de inversión estadounidense JP Morgan y representa, básicamente, la sobretasa que deben pagar los bonos emitidos por gobiernos de países emergentes frente a bonos de similares características emitidos por el gobierno de un país desarrollado. En ese sentido, por ser considerado un activo libre de riesgos (y también para uniformar y facilitar dicho cálculo) el mercado suele tomar como referencia el bono a 30 años emitido por el gobierno federal de los Estados Unidos (para esto suele utilizarse el EMBI+ o Indicador de Bonos de Mercados Emergentes).
Así, cuando un bono es emitido y luego comercializado en los mercados financieros, los inversores suelen aplicarle una tasa de descuento conocida como TIR (o tasa interna de retorno), la cual, por supuesto, varía en función del mayor o menor riesgo de incobrabilidad que el mercado espera de dicho título (a mayor riesgo de incobrabilidad, mayor es la tasa de descuento o TIR aplicada).
El cálculo matemático es, entonces, muy simple: se compara cuánto mayor es la TIR de un bono de largo plazo emitido por un gobierno determinado respecto de la TIR de los bonos emitidos a 30 años por el gobierno de los Estados Unidos.
De esa forma, si un bono emitido por el gobierno norteamericano ofrece una TIR del 4% y, en cambio, la TIR de un bono del gobierno de Brasil se ubica en el 6%, el riesgo país de este último otorgará, para igual plazo, un plus de rendimiento del 2%.
Ese porcentaje es expresado en lo que se conoce como “puntos básicos” y se obtiene multiplicando dicho número por cien. En este caso, concretamente, el riesgo país de Brasil ascenderá a los 200 puntos básicos (o dicho de manera aún más simple: por cada 100 puntos básicos de riesgo país, el gobierno emisor deberá pagar un punto porcentual más de interés por sus bonos, respecto del interés pagado por el Tesoro de los Estados Unidos).


Implicancias del Riesgo País

El riesgo país es, por tanto, un indicador esencial que nos guiará en nuestro proceso de toma de decisiones como inversores. Nos indicará si un país es riesgoso, en qué medida y cuál es la tasa de retorno mínima a la que debo aspirar en caso de invertir en él.
Considerando, por ejemplo, un riesgo país de 500 puntos y un bono a 30 años emitido por el Tesoro norteamericano con un interés anual del 5%, mi expectativa de retorno no debería ser inferior, por tanto, al 10% anual. Sobre todo considerando que la tasa del bono norteamericano se debe al plazo para cobrar, y no al riesgo implícito de no poder hacerlo.
Por eso, estará (como siempre) en nuestra propia evaluación de riesgos y beneficios decidir en qué países e instrumentos invertimos nuestro dinero; aunque sin dudas, el indicador de riesgo país deberá ser un elemento central de nuestro análisis si lo que pretendemos es llegar a una decisión de inversión informada y racional.

miércoles, 13 de agosto de 2008

Análisis Técnico: una herramienta esencial para operar en los mercados bursátiles


El análisis técnico es, junto con el análisis fundamental, una de las dos herramientas esenciales con que contamos para una adecuada operatoria en los mercados bursátiles y consiste, básicamente, en un conjunto de técnicas que buscan predecir (con el mayor grado de acierto posible) los movimientos futuros de las cotizaciones en dichos mercados, partiendo para ello del análisis de la serie histórica de precios y volumen de algún activo en particular (aunque también puede ser utilizado para gráficos de índices).
La forma de realizar estos análisis es a través de gráficos (varían según la técnica concreta a utilizar), y es por esa razón que, muchas veces, se habla indistintamente de “análisis de gráficos o análisis técnico”.
El sustento teórico de esta herramienta descansa, entonces, en la repetición de patrones de comportamiento de los activos a lo largo del tiempo y cuya causa última no es otra (como ya podremos intuir) que la dinámica de las emociones humanas puestas allí en juego; en particular, las relacionadas con el miedo y la codicia.
Por supuesto, lo primero que tendremos que tener claro es que no estamos ante una herramienta infalible, sino simplemente ante un instrumento de elevada capacidad predictiva (probada a lo largo del tiempo) cuya importancia a la hora de realizar un análisis financiero adecuado será, por lo tanto, esencial.
El análisis técnico es la herramienta que nos dirá, entonces, cuándo comprar y cuándo vender un activo (del mismo modo que el análisis fundamental nos va a decir qué activo comprar o vender).


Herramientas más usuales

Algunas de las herramientas más utilizadas por el análisis técnico son:

1. Medias móviles (estudian el comportamiento del precio de un activo en un período de tiempo determinado; tal el caso de la media móvil 200, que toma como referencia las últimas 200 ruedas del mercado).
2. Soportes y resistencias (estudian los distintos niveles de precios en los cuales dichos activos han mostrado cierta inmovilidad, ya sea para frenar una baja o una suba).
3. Indicadores y osciladores técnicos (es el caso del Williams o el RSI, cuya función es indicarnos la fortaleza de una tendencia y, eventualmente, el nivel de sobrecompra o sobreventa de un activo).
4. Volumen (montos negociados en los distintos instrumentos financieros, los cuales ayudan también a determinar la fuerza relativa de un mercado alcista o bajista).

Para terminar (y pensando sobre todo en aquellos de ustedes que estén interesados en profundizar este tema), me gustaría recomendar un libro que, a varios años de su primera edición, es considerado ya un verdadero clásico: “Análisis técnico de los mercados financieros”, de John J. Murphy.

miércoles, 6 de agosto de 2008

El Mito de la Inversión Inmobiliaria (cómo evitar los errores de un inversor promedio)


“La mejor inversión es la inversión inmobiliaria” “Los inmuebles son un refugio de valor”.¿Cuántas veces hemos escuchado frases como éstas? Muchas, seguramente. Ahora bien, ¿son ciertas? Y, en ese caso, ¿hasta qué punto?
Me parece que, ante todo, lo primero que tenemos que tener claro es que los inmuebles, como cualquier otra clase de activo, son (inevitablemente) sensibles al ciclo económico (de hecho, la actividad inmobiliaria es especialmente sensible). Esto quiere decir, entonces, que su precio va a sufrir variaciones notorias según la economía se encuentre en una fase expansiva o, por el contrario, en una fase contractiva.
Entonces, ¿es la inversión inmobiliaria una buena inversión o no lo es? Depende. Veamos primero algunas ventajas y desventajas:


Ventajas

1. Tendencia subyacente de aumento de valor en el largo plazo (bien escaso y aumento constante de la población mundial).
2. Posible incremento de valor en el mediano plazo (es necesario analizar el momento del ciclo económico).
3. Renta promedio del 7% anual por alquileres.


Desventajas

1. Posible disminución de valor en el mediano plazo (análisis incorrecto del momento del ciclo económico).
2. Iliquidez (salvo países con mercados de crédito muy desarrollados, no nos va a resultar nada fácil apalancarnos –caso de Argentina- y tendremos que destinar una suma importante de nuestro capital para efectuar la operación; también es una inversión ilíquida por la dificultad que representa vender el bien).
3. Gastos fijos en caso de dificultades para alquilar.
4. Pérdida de tiempo y dinero en caso de dificultades con locatarios (llegando incluso a situaciones extremas como juicios de desalojo, etc.)

Resumiendo: una inversión inmobiliaria sólo será buena en la medida en que hayamos realizado un correcto análisis económico-financiero previo (en ese caso, de hecho, los inmuebles pueden ser una de las mejores inversiones para aumentar nuestro patrimonio, dejándonos retornos de hasta un 50% anual o más).
Personalmente creo que el problema con los inmuebles es que la mayoría de las personas se conectan con ellos de manera emocional y olvidan, en cambio, el aspecto esencial de toda inversión, esto es, el frío análisis de números y rentabilidades posibles (actuales y futuras). ¿Era la inversión inmobiliaria, en la Argentina de principios del 2001, una inversión segura? Antes de contestar esta pregunta, mejor miremos la curva de precios de principios del 2002.

miércoles, 30 de julio de 2008

Inversión de Valor: los principales consejos de Warren Buffet


Como todos sabemos, Warren Buffet es el inversor más rico del mundo y uno de los principales discípulos de Benjamin Graham (autor del clásico "El Inversor Inteligente" y padre de lo que ha dado en llamarse “la inversión de valor” o inversión por fundamentos).
Es por eso que, para todos aquellos interesados en esta filosofía de inversión, me pareció interesante acercar algunos de sus más importantes consejos:

1. Usted ni tiene razón, ni se equivoca tan sólo porque la gente discrepe con usted. Usted tiene razón porque sus datos y razonamiento son correctos.

2. Nunca invierta en un negocio que usted no pueda entender.

3. A menos que pueda mirar su inversión caer en un 50% sin impulsos de pánico, usted no debería estar en el mercado de valores.

4. Compre compañías con buen historial de beneficios y con una posición dominante del negocio.

5. Sea temeroso cuando otros son codiciosos, y sólo codicioso cuando otros sean temerosos.

6. El optimismo es el enemigo del comprador racional.

7. Gran parte del éxito se puede atribuir a la inactividad. La mayoría de los inversores no pueden oponerse a la tentación de comprar y vender constantemente. El letargo, lindando en la pereza, debe seguir siendo la piedra angular de un estilo de la inversión.

8. Las oscilaciones salvajes en los precios, en parte tienen más que ver con el comportamiento irracional de inversores institucionales, que con los resultados obtenidos por las compañías.

9. Un inversor necesita hacer muy pocas cosas bien si evita grandes errores.

10. No es necesario hacer cosas extraordinarias para conseguir resultados extraordinarios.

11. No tome los resultados anuales demasiado seriamente. En su lugar, céntrese en promedios de cuatro o cinco años.

12. Invierta siempre para el largo plazo.

13. Formúlese las siguientes preguntas: ¿Tiene el negocio perspectivas favorables a largo plazo? ¿Tiene el negocio una historia de funcionamiento constante?

14. Recuerde que el mercado de valores es maníaco-depresivo.

15. Compre un negocio, no alquile una acción.

miércoles, 23 de julio de 2008

"Compro mis sombreros de paja en invierno" (el secreto del éxito de John D. Rockefeller)


Ésta es la frase que John D. Rockefeller pronunció cuando le preguntaron cuál había sido la clave de su fortuna.
John D. Rockefeller fue, como sabemos, uno de los más grandes empresarios estadounidenses de todos los tiempos y fundador, en 1870, de la compañía petrolera “Standard Oil”.
Entonces, el petróleo abundaba en el sur de los Estados Unidos y la poca profundidad a la que se encontraba había hecho que muchos granjeros llegaran a considerarlo poco menos que una maldición.
Algo muy distinto, por cierto, pensó Rockefeller, quien supo ver en ese combustible fósil abundante y barato (pero al mismo tiempo no renovable) el futuro del gran despegue industrial de su nación, ése que finalmente terminó de consolidarse entre fines del siglo XIX y principios del XX.
Su capacidad de anticipación, su visión y su coraje le permitieron, así, convertirse en uno de los hombres más ricos del mundo. ¿Cuál sería, hoy, el equivalente al petróleo en el siglo XIX? Podrían arriesgarse varias hipótesis (biotecnología, energías limpias, comunicaciones, etc.) pero, más allá de la respuesta que encontremos, hay un hecho incuestionable: de nuestra capacidad para anticipar el futuro dependerá en buena medida el tamaño de nuestro éxito.
¿Estamos pensando, como Rockefeller, en comprar nuestros sombreros de paja en invierno? ¿O actuamos, por el contrario, como actúa la mayoría de las personas, es decir, acordándonos de los sombreros de paja sólo cuando ya tenemos el potente sol de verano sobre nuestra cabeza?

miércoles, 16 de julio de 2008

Administración de Portafolio: ¿diversificación o concentración?


¿Diversificar nuestras inversiones o concentrarlas? ¿Qué es más conveniente? Si bien existen algunos defensores de la tesis de la concentración (Kiyosaki es uno de ellos), lo cierto es que la mayoría de los inversores hacen uso de la diversificación como una herramienta para disminuir el riesgo de sus portafolios.
En ese sentido, desde la teoría suele decirse que no es conveniente, por norma, que un activo en particular supere el 20% de exposición de nuestra cartera. Por supuesto, esto también va a depender del tipo de activo de que se trate. En el caso de operar opciones, por ejemplo, lo más probable es que debamos disminuir ese porcentaje a la mitad, es decir, un 10%.
Ahora bien, en el caso de que optemos por la diversificación, se nos plantea un segundo dilema: ¿diversificamos con activos de correlación positiva o negativa? Los activos de correlación positiva son aquellos cuyos precios suelen comportarse de manera equivalente (por ejemplo, acciones de empresas constructoras y metalúrgicas); en cambio, los activos de correlación negativa son aquellos cuyos precios suelen comportarse de manera inversa (por ejemplo, acciones de empresas metalúrgicas y oro).
Para despejar un poco la incógnita, veámoslo de esta forma: eligiendo activos de correlación negativa estamos aceptando, de antemano, que una parte de nuestra cartera va a ser perdedora. Sí o sí. ¿Nos parece aceptable eso como inversores? ¿Tan poca confianza tenemos en nuestros análisis como para diversificar descontando pérdida? Si bien existen muchos analistas que recomiendan este tipo de estrategias, personalmente las considero pésimas. Por el contrario, creo que lo adecuado es lograr una educación financiera sólida que nos permita predecir hacia dónde irán los mercados para finalmente seleccionar cinco, diez, o incluso más activos a los que les veamos el mayor potencial de suba. Si no nos consideramos capaces de hacerlo, entonces tal vez lo mejor sea continuar con nuestra educación financiera y, mientras tanto, depositar nuestro dinero en fondos de inversión o ETF’s de índices, como por ejemplo el que replica el comportamiento del S&P 500.

miércoles, 9 de julio de 2008

¿Invertir es riesgoso?


“Invertir es riesgoso” “La Bolsa es como el casino” “Tengo un amigo que invirtió en Bolsa y lo perdió todo”
¿Cuántas veces hemos escuchado frases como éstas? Muchas, seguramente. Y si lo pensamos un poco, descubriremos un elemento común que las une a todas: han sido pronunciadas por empleados.
Lo que seguramente nunca nos dijeron es que ese amigo invirtió en Bolsa sin haber leído una página sobre análisis fundamental y técnico. Que ese amigo era un empleado, con mentalidad de empleado, y que se dejó llevar por el consejo de alguien (y también por su codicia, claro) para comprar una acción cuando ya era demasiado tarde, cuando su historia de suba interminable había llegado incluso a la tapa de los diarios. Y también, por qué no, que producto de esa codicia invirtió la mayoría de sus ahorros en ese único activo, contrariando las más elementales reglas sobre manejo de portafolios.
Déjenme decirles algo: ser empleado es riesgoso. Es la cosa más riesgosa del mundo. ¿Por qué? Porque dependemos de una única fuente de ingresos (por lo general, magra e insuficiente), porque esa fuente es manejada discrecionalmente por un tercero (nuestro empleador) y además porque tiene un límite intrínseco de crecimiento que está dado por la cantidad de horas que trabajamos. Por otra parte, si perdemos esta fuente de ingresos, ¿a cuánto tiempo estamos de la quiebra? Si no tenemos algún tipo de salvaguardia, a un mes, dos meses a lo sumo (estas cosas, entre otras, son las que seguramente rondan en la cabeza de esos empleados que un día, tarde y mal, deciden embarcarse en una inversión para la que nunca estuvieron preparados).
Los inversores sofisticados, en cambio, disponen de fuentes de ingreso múltiples. Si una se pierde, pueden sostenerse con las restantes. O incluso pueden agregar una nueva. Acciones que pagan dividendos, inmuebles, propiedad intelectual, network marketing, e-commerce, fideicomisos, fondos de inversión, etc.
He ahí la clave: ingreso residual proveniente de fuentes múltiples. Todo lo que necesitamos es comprometernos con nuestra educación financiera. Leer, asistir a cursos, conferencias, etc. Abandonar nuestra actitud temerosa y negativa y abrirnos a nuevos conocimientos. Después de todo, ¿quiénes son las personas más libres y prósperas? ¿Los empleados que, en el mejor de los casos, cobran buenos sueldos a cambio de dejar su vida en el trabajo? ¿O los inversores profesionales que pueden disponer libremente de su tiempo e incluso retirarse, si así lo desean, antes de los 40 años? Miremos la lista de los hombres más ricos del mundo. Los desafío a que encuentren un empleado siquiera entre los primeros diez mil.

miércoles, 2 de julio de 2008

Burbujas financieras: cómo reconocerlas y protegerse de ellas


“Cuando todo el mundo habla de la suba de la Bolsa, lo mejor es vender cuanto antes”.

¿Cómo se forma una burbuja financiera? ¿Cómo reconocerla?
Si bien se ha escrito mucho sobre este tema, hay un elemento que podríamos reconocer prácticamente en el origen de todas las burbujas a lo largo de la historia: el optimismo excesivo del mercado con respecto a la economía en general o a algún sector de la economía en particular.
Son momentos en los que empieza a hablarse de “cambio de paradigma”, de la “nueva economía”, del sector cuyas ganancias futuras son “incalculables” (pensemos por ejemplo en el estallido de las punto com en el año 2000). Así, entonces, es como va aceitándose la maquinaria de la especulación hasta que finalmente, con valuaciones que ya no resisten análisis financiero alguno, los activos se desploman ante el menor signo que desmienta la factibilidad de esas expectativas.
Ahora bien, ¿hay forma de evitar ser víctima de una burbuja? Por supuesto. Y aquí el análisis financiero será nuestro aliado. Es a través del análisis financiero que podremos determinar si un activo está sobrevaluado o no.


Tres elementos distintivos

Desde la teoría suelen señalarse tres aspectos a tener en cuenta para reconocer la existencia (o no) de una burbuja:

1. Valores de activos que no guardan relación con los fundamentos del mercado (por ejemplo, si el precio del petróleo aumentó un 100% en el último año y no hubo incrementos de demanda).
2. Valores de activos que se espiralizan (curva de precios de un activo que se vuelve casi vertical en un período corto de tiempo).
3. Aumento exponencial de volumen (aumentos en el volumen de contratos negociados que duplican o incluso triplican el volumen promedio, en un período corto de tiempo)

Por supuesto, las burbujas, por su misma naturaleza, suelen extenderse en el tiempo más allá de lo razonable. Por eso se dice que en ellas existe una cadena de “tontos” en la que todos (salvo el último) ganan. Claro, nada nos asegura que no seamos nosotros el último “tonto” de esa cadena, antes de que la burbuja estalle.

miércoles, 25 de junio de 2008

Por qué los Mercados no son eficientes (y cómo podemos beneficiarnos de ese hecho)


Según la Teoría de los Mercados Eficientes, los activos en general (y los activos financieros en particular) reflejan en su valor toda la información que de ellos se encuentra disponible en el mercado. Esa información, como sabemos, está al alcance de millones de personas alrededor del mundo y, por lo tanto, sería prácticamente imposible que pudiéramos beneficiarnos con grandes variaciones en el valor de esos activos.
La realidad, por el contrario, es bien distinta. Si seguimos a diario las cotizaciones, permanentemente nos encontraremos con activos que suben de precio de manera irracional (así es como se forman muchas burbujas) o bien que caen en su cotización, también, de manera irracional (empresas que pasan a valer la mitad en un período de un año, sin haber disminuido su nivel de ganancias).
Esto, que parece no tener explicaciones, obedece a dos causas: la primera tiene que ver con la existencia de especuladores en los mercados, y la segunda (y más importante) con el hecho de que los mercados en general se mueven por las expectativas de ganancias futuras de las empresas. Es así, entonces, como muchas acciones de numerosas compañías terminan estando sobrevaluadas o subvaluadas. Por el exceso de expectativas, ya sean de tipo positivo o negativo. Y es precisamente en este punto, en estos vaivenes emocionales de los mercados (nunca olvidemos que un mercado no es otra cosa que un conjunto de personas) que, eventualmente, podremos encontrar las grandes oportunidades que harán la diferencia en nuestra carrera como inversores.
En estos casos, como siempre, deberemos evaluar en qué momento del ciclo económico nos encontramos. Por ejemplo, si estamos en el comienzo de la desaceleración de un largo ciclo de crecimiento (en cuyo caso deberemos seguir esperando) o si, por el contrario, estamos en el fin de un ciclo recesivo con claros signos de reactivación.
En síntesis: los mercados se mueven al ritmo de dos grandes pasiones humanas: codicia y miedo. La codicia lleva el precio de muchos activos a las nubes. El miedo, por el contrario, puede dejar esos mismos valores por el piso. Estará en nuestra inteligencia como inversores, entonces, saber cómo beneficiarnos de esos extremos.

miércoles, 18 de junio de 2008

¿Cuánto puede valer un dólar en 50 años? (el increíble poder del ahorro metódico)


Miremos a nuestro alrededor. Miremos nuestro cuarto, los estantes de nuestras repisas, nuestros placares y, en general, todos los objetos que adornan nuestras casas. ¿Cuánto dinero hemos gastado en ellos a lo largo de los años? ¿Cuántos de esos objetos son realmente necesarios e imprescindibles? Y, más importante aún, ¿hemos alcanzado ya la libertad financiera como para permitirnos semejante despilfarro? Tal vez al momento de comprarlos no nos hayan parecido gastos significativos. Después de todo, no eran sumas importantes. Cinco, diez, veinte, incluso cincuenta dólares. ¿Acaso conservar ese dinero nos hubiera convertido en millonarios? Bueno, aunque no lo creamos, la respuesta es… ¡sí!


Cómo ganar un millón ahorrando un dólar por día

En el libro “Múltiples fuentes de ingreso”, Robert Allen nos muestra a través de una serie de cuadros el dinero que podríamos conseguir ahorrando 1, 2, 5, o 10 dólares por día a diferentes tasas de interés. La idea, por supuesto, es no tocar ese dinero y reinvertirlo en forma constante.
Es así que, por ejemplo, ahorrando un solo dólar por día e invirtiéndolo a una tasa del 10% anual, podríamos llegar a tener un millón de dólares en 54 años. Si en cambio somos capaces de ahorrar 5 dólares por día, podríamos en cambio acumular 5 millones de dólares en igual período de tiempo. Esos mismos 5 dólares, a una tasa anual del 15% podrían transformarse en 25 millones de dólares en 54 años. Por último, si somos más agresivos y ahorramos, en cambio, 20 dólares por día (600 dólares al mes) a una tasa del 15% anual (perfectamente posible para un inversor profesional), podríamos acumular nada menos que 20 millones de dólares en 45 años, y 100 millones en 54 años.
Sin embargo, podría suceder también que no nos sintiéramos capaces en absoluto de superar al mercado y optáramos entonces por depositar nuestro dinero en el banco o en algún fondo de inversión de estrategia conservadora. En ese caso, ahorrando sólo 10 dólares por día a una tasa del 5% anual podríamos llegar al millón en 54 años. Nada mal para una cuenta de retiro (los invito a calcular una renta anual del 5% sobre ese capital).
Por eso, como dice el propio Allen, seamos capaces de ver cada unidad de moneda como una semilla de un árbol de dinero. ¿Vale realmente la pena ese gasto que estamos por hacer? ¿Tendremos excusas, al final de nuestras vidas, para justificar nuestro fracaso económico?

miércoles, 11 de junio de 2008

Acciones: concepto y herramientas fundamentales para su operatoria


Más allá de las distintas clasificaciones existentes, una acción no es otra cosa que una porción del capital de una empresa (más precisamente, de una S.A.).
Por lo tanto, cuando compramos acciones de una determinada compañía en la bolsa de valores, lo que en verdad estamos haciendo es transformándonos en socios, en copropietarios de esa compañía a la cual ingresamos como accionistas.
Una de las ventajas principales que nos ofrecen las acciones, entonces, es la de participar como socios en negocios a los que de otra forma probablemente nos resultaría imposible acceder (por requerimientos de capital, tecnología, logística, etc.), y también, tanto o más importante que lo anterior, la relativa facilidad con la que al mismo tiempo podemos salir de ese negocio, sobre todo si somos pequeños o medianos inversores. Éste es un punto realmente importante, dado que si hacemos un buen análisis previo, podremos beneficiarnos de la fase expansiva del ciclo económico y evitar, en buena medida, la fase contractiva.


Variables a considerar

Si queremos, entonces, operar con éxito en el mundo de las acciones, deberemos analizar en profundidad cuatro variables antes de decidir nuestra inversión:

1. Perspectivas de la economía en general (internacional y local).
2. Perspectivas del sector en el cual voy a invertir.
3. Análisis fundamental (me permite conocer las variables financieras de la compañía en particular).
4. Análisis técnico (me permite, a través del análisis de gráficos, detectar el momento más adecuado para realizar la inversión).

Más adelante, me voy a encargar de desarrollar en detalle cada una de estas cuatro variables. Por ahora, quedémonos con la idea de que dejar de lado cualquiera de ellas, nos garantiza que nuestra inversión se convierta en un simple juego de azar. Usarlas o no marca la diferencia entre ser un inversor profesional o un simple apostador.

miércoles, 4 de junio de 2008

Robert Kiyosaki: conceptos de Activo y Pasivo


Otra idea novedosa del libro “Padre Rico, Padre Pobre” es la referida a los conceptos de “Activo” y “Pasivo”.
Para Kiyosaki, un activo es simplemente un bien que pone dinero en nuestros bolsillos; y un pasivo, un bien que saca dinero de nuestros bolsillos.
Como se advierte, es un concepto novedoso para la mayoría de las personas dado que contradice absolutamente el concepto contable. En ese sentido, una casa que se adquiere para vivir es un pasivo, y una casa que se compra con el objetivo de alquilarla, es un activo. Como se puede ver, el planteo es simple, pero el hecho de que un mismo bien pueda ser considerado un activo o un pasivo dependiendo del por qué y para qué es adquirido, es lo que hace que a la mayoría de las personas se les escape.
En este sentido, por ejemplo, la relación con la casa propia es un punto realmente conflictivo dado que, por lo general, por verla como nuestro “principal activo” y asociarla con la idea de “hogar”, de “refugio familiar”, solemos actuar con ella de manera emocional, poniéndola como objetivo central de nuestras aspiraciones materiales y gastando buena parte de nuestros ingresos en arreglarla, agrandarla, cambiarla, etc., en lugar de destinar esos fondos a inversiones que podrían generarnos un flujo de efectivo a largo plazo.
De ahí, entonces, el consejo de concentrar nuestros esfuerzos y recursos en comprar activos en lugar de pasivos; activos que generen un flujo de efectivo que finalmente cubra todos nuestros gastos.
La diferencia principal entre los ricos y los pobres (y la clase media), dice Kiyosaki, es que “los ricos dedican su vida a adquirir activos, y los pobres dedican su vida a adquirir pasivos, creyendo muchas veces que son activos”.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Robert Kiyosaki: los pobres trabajan por dinero; los ricos hacen que el dinero trabaje para ellos


Una de las ideas principales de Robert Kiyosaki en el libro “Padre Rico, Padre Pobre” es la que plantea que los pobres y la clase media trabajan por dinero (ingreso ganado o lineal; típicamente, un sueldo) y los ricos, en cambio, se enfocan en hacer trabajar el dinero para ellos (ingreso residual, pasivo o de portafolio), ya sea a través de la compra de acciones, bonos, propiedades para alquiler, así como también creando empresas, etc.
El principal problema de los ingresos lineales es que sólo producen dinero cada vez que la persona trabaja (tal el caso de los empleos) y son, por lo tanto, limitados (el límite está dado por la cantidad de horas que una persona puede trabajar).
Los ingresos residuales, en cambio, tienen la capacidad de producir dinero las 24 horas del día, independientemente de que la persona esté trabajando o no (como por ejemplo en el caso de ingresos por derechos intelectuales, o también de empresas con sólidos sistemas de negocios, capaces de funcionar sin la presencia de su dueño). Lo mismo sucede en el caso de los ingresos pasivos o de portafolio (acciones, rentas por alquileres, etc.).
Es en este ingreso residual, pasivo o de portafolio entonces, donde suelen estar los más grandes retornos y es por eso que la mayor parte de los ingresos de los ricos provienen de allí.
Este dinero, a su vez, es reinvertido en forma constante hasta conformar un universo de activos cuyo flujo de efectivo garantiza el sostenimiento del nivel de vida de la persona.
Los ricos, entonces, generan ingresos residuales, pasivos y de portafolio que son destinados a la compra de activos e inversiones que hacen crecer su patrimonio. Los ricos, en suma, planifican sus necesidades y posponen el cumplimiento de sus deseos.
Los pobres y la clase media, en cambio, generan ingresos lineales que son destinados en su totalidad al consumo o, en el mejor de los casos, al ahorro para consumo. Ellos planifican el cumplimiento de sus deseos y posponen sus necesidades.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Robert Kiyosaki y el cuadrante del flujo de dinero como pilar de su filosofía de inversión


Para Robert Kiyosaki existen, según el lugar del cual obtienen sus ingresos, cuatro clases de personas: los E (empleados), los A (auto-empleados, como por ejemplo profesionales independientes o pequeños comerciantes), los D (dueños de negocios, es decir, medianos o grandes empresarios con sistemas de negocios bien consolidados), y los I (inversores). Estas cuatro categorías conforman lo que él llama el cuadrante del flujo de dinero.
Del lado izquierdo del cuadrante, se encuentran las letras A y E, y es el lado en el que las personas trabajan más y obtienen menos dinero. Es en este lado del cuadrante donde se desarrolla lo que Kiyosaki denomina “carrera de la rata”, puesto que por lo general las personas trabajan mucho y casi nunca avanzan de posición.
Del lado derecho del cuadrante se encuentran, en cambio, las letras D e I, las cuales representan la “pista rápida” del flujo de dinero, dado que es allí donde las personas trabajan menos y obtienen más. Es este lado del cuadrante el que Kiyosaki recomienda a sus lectores, al menos como complemento del lado izquierdo.
Puestos en este punto, el problema principal para Kiyosaki es el hecho de que cada letra del cuadrante no representa sólo una manera de obtener el dinero, sino más bien una forma de ser y pensar. Por lo general, las personas en el lado izquierdo priorizan la seguridad y odian correr riesgos (sobre todo en lo referente al dinero). Lo que los caracteriza por sobre todo es la búsqueda de empleos “seguros y estables”, con sueldos altos y muchos beneficios. Son personas que, fundamentalmente, temen perder. En el lado derecho, por el contrario, las personas aceptan correr riesgos y, fundamentalmente, desean ganar.
Partiendo de este esquema, lo que Kiyosaki plantea es simple: si queremos ganar dinero en serio y obtener libertad financiera, tendremos que operar al menos en ambos lados del cuadrante, para lo cual va a ser necesario que desarrollemos las habilidades técnicas y emocionales propias de los D y los I. Lo contrario, esto es, operar en el lado derecho con la mentalidad y los valores del lado izquierdo suele ser, por lo general, catastrófico.
Es por eso que Kiyosaki pone el acento, en primer lugar, en el SER (dentro de su esquema escalonado SER-HACER-TENER), es decir en lo que debemos ser como personas e inversores, en quiénes tenemos que transformarnos para operar de manera exitosa en el lado derecho del cuadrante, que es aquél en donde podremos obtener mayores ingresos y por lo tanto una más rápida libertad financiera.

Presentación


El objetivo principal de este blog es el de servir de guía para todas aquellas personas que empiezan a dar sus primeros pasos en el mundo de las finanzas personales y los negocios.
El contenido, entonces, irá desde el análisis de las ideas de Robert Kiyosaki hasta el estudio de las herramientas y técnicas concretas que es necesario utilizar para operar acciones, opciones, ETF’s, ADR’s, inmuebles y fondos comunes de inversión, entre muchos otros instrumentos.
Además, se incluirán en forma periódica extractos de entrevistas realizadas a profesionales del mundo de las inversiones, así como también reseñas de libros, vínculos a sitios web (links) y toda otra información que crea que puede ser de utilidad para un mejor manejo de nuestro dinero.
Los espero, entonces, en el primer post.